martes, 30 de octubre de 2012

De vaqueros y gauchos


El otro día estábamos con Santi 12.0 mirando Un tiro en la noche (The Man Who Shot Liberty Valance, 1962) por Netflix. Es un viejo western dirigido por John Ford que une a varias leyendas del cine como John Wayne, James Stewart y Lee Marvin; este último perfecto en el papel del villano acompañado por un todavía muy secundario Lee Van Cleef.

Stewart interpreta a un abogado citadino que intenta llevar un poco de ley y orden a un pueblo donde no hay ninguna. Lee Marvin es Liberty Valance, un bandido que hace y deshace a su antojo frente a un sheriff glotón y timorato que se esconde cada vez que aparece. La única resistencia la opone el ganadero Tom Doniphon (John Wayne), el hombre fuerte del pueblo, en quien todos pueden confiar y de quien todos pueden depender, y que además es un experto tirador y uno de los pocos capaces de hacer recular a Valance.

Pero Doniphon no es un héroe perfecto. Es un cínico formado en el pragmatismo. Descree del idealismo del abogado Stewart, y desprecia tanto su negativa a usar armas como su pasividad ante la agresión constante del bandido Valance. Pero lo que le resulta especialmente incomprensible es la  insistencia de Stewart en llevar al criminal ante la justicia en lugar de tomar las riendas del asunto y ubicar una bala en el lugar correcto ante la próxima provocación.

La película empieza muchos años después en el mismo pueblo, cuando del tren desciende un Stewart bastante más viejo y convertido ya en un famoso senador nacional. Los viejos amigos y los nuevos habitantes lo reciben con algarabía y el flamante periódico del pueblo quiere entrevistar al hijo pródigo, pero Stewart declina los compromisos e informa que sólo vino a presentar los respetos a un conocido que acaba de fallecer: Tom Doniphon.

"¿Quién?", preguntan algunos. En el pueblo nadie parece conocer o recordar al viejo ganadero y no se explican por qué Stewart podría tener algún interés en un desconocido muerto. De hecho, el humilde cajón está solo en la morgue acompañado de un par de personas. La historia del ascenso de Stewart y la caída de Tom Doniphon tiene un reflejo en un brillante "gag" cuando el senador se topa con la misma diligencia que lo había traído hace tanto tiempo, ya polvorienta y en desuso con la masividad moderna del tren. Uno de los temas de la película es el reemplazo de los viejos órdenes por órdenes nuevos, y quiénes ganan y pierden en el recambio (*)

Pero me adelanto. Mientras miraba esta parte inicial del relato enmarcado y antes de que comenzara el largo flashback que compone la historia principal, sentí ese picor típico del "dejá vu". Algo evidentemente me estaba resultando familiar, aunque no tan fuerte como para identificarlo con escenas, personajes o situaciones concretas. Tenía que buscar a nivel subtexto o evocativo.

Unos días más tarde el recuerdo hizo clic. Ese inicio me había traído a la memoria no otra película, sino un libro: Sebastian's Pride, de Susan Wilkinson, que narra la historia de una familia de inmigrantes ingleses en la Argentina de fines del s. XIX. Es una novela apasionante (se tradujo al castellano como "Don Sebastián"), y es una verdadera lástima que sea tan poco conocida.

Todo comienza con el hallazgo del cadáver de un gaucho en medio de la pampa. El cuerpo está en estado  avanzado estado de putrefacción y las autoridades sólo logran identificarlo gracias a las iniciales del facón y el muñón que en algún momento daba lugar a una mano.

La familia de Sebastian Hamilton llega de Inglaterra para identificar el cadáver, pero no hay muchos gestos de condolencias o lamentos. Entre los deudos se siente más bien fastidio, rencor y alivio. El muerto no era aparentemente alguien muy querido, pero sí algo más que un simple gaucho muerto en la imensidad de la llanura. Hubo un tiempo en que el nombre de Sebastian Hamilton inspiraba respeto y temor.

El resto de la narrativa se centra en la llegada del joven Sebastian a la Argentina junto a su familia y su progresiva conversión en una criatura de estos pagos. Sebastian tiene un carácter volcánico y una capacidad de odio que se complementan perfectamente con su tenacidad implacable. Inmediatamente demuestra interés por la vida del gaucho, ese beduino de la pampa húmeda que se rige por códigos primarios, eficientes y muchas veces salvajes. Sebastian admira los rasgos arquetípicos del gaucho, como la sed de libertad y la irreductibilidad; con la misma fuerza desprecia a su propia familia, a quien ve débil y encorsetada en formalidades banales. El hermano médico, un inglés sensible y sensato, no puede explicar ni explicarse la fascinación que siente Sebastian por esta tierra y su gente, o su desdén hacia cualquier ley que no sea la del caballo, la palabra y el cuchillo; mucho menos su decisión de dejar Buenos Aires para embarcarse en un largo viaje en carreta con su esposa nativa y levantar una estancia en medio de la nada.

Sebastian's Pride es una épica multi-generacional que me recuerda a las de Isabel Allende, excepto que el realismo de Wilkinson no tiene una sola pizca de magia. El protagonista es de por sí un personaje difícil, imposiblemente terco y hasta cruel, y las circunstancias que atraviesa son descritas con igual ferocidad: desde el duelo de facón donde Sebastian entrega su mano a cambio de ser reconocido como un gaucho de alma, si no de sangre, hasta las escenas de horror donde despacha carretas de cadáveres junto a su hermano en una Buenos Aires devastada por la fiebre amarilla.

Tom Doniphon y Sebastian Hamilton comparten una vida de fama y poder, aunque con características distintas. Ambos, sin embargo, empiezan sus respectivas historias ya fallecidos tras una larga vejez en soledad, y con poca gente para llorarlos. En ambas historias de vida pueden identificarse tal vez varios factores en común que precipitan la caída - orgullo, hubris, etc., ejemplos de aquella hamartia aristotélica.

Pero hay un trasfondo común e impersonal en la desaparición del vaquero y del gaucho a medida que el progreso (la llegada de la ley al pueblo en Un tiro en la noche; el crecimiento de una Buenos Aires cosmopolita y el desarrollo de la República en Sebastian's Pride) les va dejando menos margen de acción, los reprime directamente, o los convierte en figuras irrelevantes. El vaquero de John Wayne y el gaucho creado por la pluma de Wilkinson son un paralelo de sus roles más amplios. No tienen un fin espectacular ni heroico, a los tiros o cuchillazos: simplemente mueren en algún punto indeterminado, mucho después de morir en la memoria o el interés de los que los conocieron. Así también la modernidad avanza dictando nuevas normas tácitas y de a poco se disuelven y mutan todas las cosas y los hombres.

(*) Uno de los temas desarrollados con gran impacto por James Clavell en su inolvidable novela King Rat.


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